Política

“SI HAY CRUELDAD, NO HAY PATRIA”: RACHID DENUNCIÓ UN PROCESO DE ENTREGA COLONIAL Y APUNTÓ CONTRA EL GOBIERNO DE MILEI

Jorge Rachid lanzó una dura advertencia sobre el rumbo de la Argentina bajo Javier Milei y definió las políticas oficiales como parte de un proceso de “entrega colonial”. Cuestionó el alineamiento con Estados Unidos, Gran Bretaña y la OTAN, alertó sobre la fractura social y reclamó organización y movilización popular para defender la soberanía, el trabajo, la salud, la educación y la producción nacional.

El médico sanitarista Jorge Rachid lanzó una dura advertencia sobre el rumbo de la Argentina. Acusó al Gobierno de Javier Milei de avanzar en un proceso de subordinación frente a Estados Unidos, Gran Bretaña y la OTAN, cuestionó el deterioro social y económico y reclamó una reacción organizada del campo popular frente a lo que definió como un proceso de “entrega colonial”.

“Si hay crueldad, no hay Patria”.

Con esa definición como eje, Jorge Rachid realizó un duro diagnóstico sobre la Argentina gobernada por Javier Milei y advirtió que el país atraviesa mucho más que una crisis económica: según su mirada, se encuentra frente a un proceso de pérdida de soberanía y subordinación a intereses extranjeros.

El médico sanitarista y dirigente político sostuvo que el Gobierno se encuentra “encadenado a los peores protagonistas de este tiempo mundial” y afirmó que esa orientación terminó colocando a la Argentina bajo un esquema que definió directamente como “poder colonial”.

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“Este gobierno encadenado a los peores protagonistas de este tiempo mundial ha entregado prácticamente la Argentina a un poder colonial”, afirmó Rachid.

La definición, pronunciada durante su exposición, constituye el punto de partida de un análisis que excede la coyuntura electoral y pone el foco en el modelo económico, la soberanía nacional y el lugar que ocupa la Argentina en el escenario internacional.

LA “ENTREGA” COMO MODELO

Para Rachid, las políticas implementadas por la administración Milei no pueden analizarse exclusivamente como medidas económicas aisladas.

El dirigente las interpreta como parte de una estrategia más amplia de alineamiento geopolítico con Estados Unidos, Gran Bretaña y la OTAN, en un contexto internacional marcado por disputas por recursos naturales, energía, territorio y mercados.

Desde esa perspectiva, la discusión sobre la soberanía deja de ser una cuestión abstracta.

Petróleo.

Gas.

Minería.

Agua.

Industria.

Ciencia.

Tecnología.

Territorio.

Son, en su mirada, piezas de una misma discusión: quién decide sobre los recursos estratégicos de la Argentina y en función de qué intereses.

La advertencia de Rachid es contundente: cuando las decisiones fundamentales de un país comienzan a quedar condicionadas por intereses externos, la dependencia económica puede terminar convirtiéndose en dependencia política.

UNA ARGENTINA CADA VEZ MÁS DESIGUAL

El segundo eje de su exposición apunta directamente al impacto social del modelo económico.

Rachid proyectó un escenario de profunda fractura social y sostuvo que, de mantenerse esta orientación, Argentina podría terminar dividida entre una minoría con capacidad de sostenerse económicamente y una enorme mayoría condenada a la precariedad y la marginalidad.

En su análisis, alrededor de 20 millones de personas podrían quedar integradas al circuito económico, mientras más de 25 millones quedarían relegadas a situaciones de vulnerabilidad extrema.

Más allá de la proyección política del dirigente, el concepto que intenta instalar es claro:

la desigualdad no sería una consecuencia accidental del modelo, sino una de sus consecuencias estructurales.

Y ahí aparece una de las principales críticas al Gobierno de Milei.

El ajuste no se mediría solamente en una planilla fiscal.

También se mediría en empleos destruidos, industrias cerradas, salarios deteriorados, servicios públicos debilitados y familias expulsadas de los sectores medios y trabajadores.

“NO SE PUEDE ESPERAR A 2027”

Uno de los blancos principales del discurso de Rachid fueron los sectores políticos que, frente al avance del Gobierno, concentran sus expectativas en las próximas elecciones.

El dirigente cuestionó la idea de esperar pasivamente hasta 2027 para intentar modificar el rumbo del país.

Su planteo es que existe una contradicción entre el calendario electoral y la velocidad con la que se producen las transformaciones económicas y sociales.

Mientras algunos sectores esperan las elecciones, las condiciones materiales de millones de argentinos cambian todos los días.

Para Rachid, no alcanza con preparar candidaturas, negociar espacios o esperar un eventual cambio de ciclo electoral.

La resistencia, sostuvo, debe comenzar en el presente.

¿QUIÉNES TIENEN QUE RESISTIR?

Pero Rachid también introdujo una crítica hacia el propio campo popular.

Según su planteo, la responsabilidad de enfrentar el ajuste no puede recaer exclusivamente sobre quienes están sufriendo sus consecuencias.

Las familias que padecen hambre.

Los trabajadores despedidos.

Los jubilados.

Los estudiantes.

Los científicos.

Los pequeños comerciantes.

Los sectores populares.

Todos ellos ya soportan el costo del deterioro.

Por eso, el dirigente reclamó una mayor participación de las organizaciones políticas, sociales, sindicales y comunitarias que todavía cuentan con capacidad de movilización.

La pregunta que deja planteada es incómoda:

¿Quién va a defender a quienes ya no tienen margen para esperar?

INDUSTRIA, UNIVERSIDAD, SALUD Y CIENCIA

Rachid también apuntó contra el deterioro de lo que considera pilares históricos del desarrollo argentino.

En su diagnóstico aparecen cuatro áreas centrales:

Industria nacional.

Universidad pública.

Salud pública.

Sistema científico-tecnológico.

Para el sanitarista, el debilitamiento de estos sectores no significa simplemente reducir el tamaño del Estado.

Significa desarmar capacidades estratégicas construidas durante décadas.

Una fábrica que cierra no solamente pierde trabajadores.

Se pierde conocimiento.

Se pierde tecnología.

Se pierde una cadena de proveedores.

Se pierde capacidad productiva.

Una universidad que pierde presupuesto no solamente reduce gastos.

Puede perder investigadores, proyectos y generaciones de profesionales.

Y un sistema científico debilitado puede terminar obligando al país a comprar afuera el conocimiento que alguna vez fue capaz de producir.

Por eso, en la mirada de Rachid, el debate sobre el Estado es inseparable del debate sobre la soberanía.

EL ESTADO COMO HERRAMIENTA DE SOBERANÍA

Frente a ese escenario, Rachid plantea una reconstrucción política basada en un Estado presente y garante de derechos.

No se trata, según su planteo, de defender al Estado por sí mismo.

Se trata de recuperar al Estado como instrumento para proteger el interés colectivo frente a los poderes económicos concentrados.

El segundo eje de su propuesta es una transformación profunda del Poder Judicial.

Rachid cuestiona lo que considera mecanismos de impunidad que permiten que determinados sectores económicos y políticos tengan una capacidad de influencia desproporcionada.

Y el tercer eje es quizás el más contundente:

la movilización popular.

LA CALLE COMO ÚLTIMO DIQUE

Para el dirigente, la política no puede reducirse al Parlamento, las negociaciones entre dirigentes o las campañas electorales.

La calle también es un espacio de disputa democrática.

Por eso reivindica la movilización del campo popular como herramienta para defender:

  • la soberanía nacional;
  • la justicia social;
  • el trabajo;
  • la salud;
  • la educación;
  • la ciencia;
  • la producción nacional;
  • y el proyecto de integración latinoamericana.

En ese punto, su discurso recupera una concepción histórica de la Patria Grande, entendida como una estrategia de integración regional frente al poder de las grandes potencias.

EL CONCEPTO QUE ATRAVIESA TODO EL DISCURSO: SOBERANÍA

Más allá de las diferencias políticas que pueda generar su diagnóstico, Rachid coloca una pregunta que atraviesa toda su exposición:

¿Puede existir una Patria sin soberanía?

Y, todavía más:

¿Puede hablarse de libertad cuando las decisiones económicas fundamentales están condicionadas por intereses externos?

Para el dirigente, la respuesta es negativa.

La soberanía no consiste únicamente en tener una bandera, un territorio y un Gobierno.

También significa poder decidir qué producir, qué recursos explotar, cómo distribuir la riqueza y qué relación establecer con las grandes potencias.

“SI HAY CRUELDAD, NO HAY PATRIA”

El concepto que resume su planteo es el que da nombre a esta nota.

Si hay crueldad, no hay Patria.

Porque para Rachid, una Nación no puede reducirse a sus fronteras ni a sus símbolos.

Una Patria también se construye con solidaridad.

Con trabajo.

Con salud.

Con educación.

Con producción.

Con ciencia.

Con justicia social.

Y, fundamentalmente, con soberanía.

Su advertencia apunta directamente al corazón del modelo de Milei: si la búsqueda del equilibrio fiscal y la apertura económica se realizan a costa de la destrucción de las capacidades productivas y sociales del país, entonces —según su diagnóstico— no estaríamos frente a una simple transformación económica.

Estaríamos frente a una transformación del propio concepto de Nación.

LA PREGUNTA QUE QUEDA ABIERTA

Rachid no plantea esperar.

Plantea organizar.

No plantea resignarse.

Plantea resistir.

No plantea apostar todo a una elección futura.

Plantea disputar el presente.

Su advertencia puede compartirse o discutirse, pero contiene una pregunta política imposible de ignorar:

¿Qué país quedará en pie cuando llegue 2027 si durante los próximos meses se profundiza el deterioro de la industria, el trabajo, la salud, la educación, la ciencia y la soberanía económica?

Para quienes sostienen el rumbo de Milei, se trata del precio inevitable de una transformación destinada a modernizar la Argentina.

Para quienes lo cuestionan, es exactamente lo contrario:

la demolición de las capacidades que permiten que un país sea verdaderamente independiente.

Y en el medio queda una sociedad que deberá decidir cuánto está dispuesta a soportar.

Porque, como advierte Rachid:

sin justicia social no hay comunidad.

Sin soberanía no hay independencia.

Y si hay crueldad, no hay Patria.

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