Sobre héroes y tumbas: el peronismo y la pelea con sus propios fantasmas
Gus Reimon
Sobre héroes y tumbas, de Ernesto Sábato, pertenece a esa segunda categoría.
Publicada en 1961, la novela no habla solamente de Martín, Alejandra, Fernando Vidal Olmos o de una Buenos Aires atravesada por la oscuridad. Sábato construye algo mucho más grande: una Argentina donde el presente parece condenado a discutir permanentemente con su pasado.
Y quizás ahí haya una clave para mirar la feroz interna que atraviesa hoy al peronismo.
Porque la pelea entre el cristinismo y el sector que conduce Axel Kicillof no parece ser solamente una discusión entre dirigentes. Es, también, una disputa por la herencia política.
¿Quién tiene derecho a representar la historia?
¿Quién puede hablar en nombre del movimiento?
¿Hasta dónde llega la lealtad?
¿Y en qué momento la lealtad hacia el pasado comienza a convertirse en un obstáculo para construir el futuro?
Los héroes y las tumbas
En Sábato, la historia argentina no está muerta. Está enterrada, pero sigue hablando.
Los muertos, las derrotas, las viejas guerras, las familias y sus rencores sobreviven en las generaciones posteriores.
El pasado no desaparece: reaparece.
Algo parecido puede observarse en la discusión actual dentro del peronismo.
Cristina Kirchner representa para una parte importante de ese espacio no solamente a una dirigente política. Representa una etapa histórica, una identidad, una conducción y una memoria política.
Por eso la discusión con Kicillof adquiere una dimensión que supera ampliamente una interna partidaria.
Cuando Mayra Mendoza acusa al gobernador de ser “desleal” y “desagradecido” y sostiene que algunos dirigentes parecen creer que “la historia comienza cuando llegan ellos”, el concepto de historia aparece explícitamente en el centro de la disputa.
Ese es precisamente uno de los grandes temas de Sábato: qué hacemos con la historia que heredamos.
La generación que quiere escribir su propio capítulo
Kicillof llegó a la Gobernación bonaerense dentro del universo político construido alrededor del kirchnerismo. Pero posteriormente desarrolló una estructura propia, el Movimiento Derecho al Futuro.
Desde el sector cristinista, esa decisión es interpretada como una ruptura y como una forma de división del peronismo.
Desde el espacio de Kicillof, la construcción propia puede leerse como la búsqueda de una nueva etapa política.
Ahí aparece el verdadero conflicto.
No necesariamente se discute si el pasado existió.
Se discute cuánto poder debe conservar ese pasado sobre el futuro.
Y esa es una pregunta profundamente sabatiana.
Porque en Sobre héroes y tumbas los personajes no pueden escapar fácilmente de las historias que los precedieron. El pasado familiar, político y nacional se mezcla con sus decisiones presentes.
La Argentina aparece como una sociedad que intenta avanzar mientras continúa cargando sus viejas guerras.
El peronismo frente a su propio espejo
La discusión actual tiene además una particularidad.
No estamos ante dos fuerzas políticas completamente distintas.
Cristinistas y kicillofistas pertenecen a una misma tradición política, aunque hoy disputen conducción, identidad, territorio y futuro.
Por eso la pelea puede resultar más dolorosa.
Las rupturas dentro de una familia política suelen ser más feroces que las discusiones con el adversario externo.
Porque el adversario externo se combate.
Al antiguo compañero, en cambio, se lo acusa de haber olvidado de dónde viene.
Y ahí aparecen palabras como “lealtad”, “traición”, “agradecimiento”, “historia”.
No son palabras casuales.
Son palabras de una disputa por la memoria.
¿Y si el problema no fuera Cristina ni Kicillof?
Tal vez la pregunta más profunda no sea quién tiene razón dentro de esta pelea.
La pregunta podría ser otra:
¿Puede el peronismo construir una nueva etapa sin negar la anterior?
Y también:
¿Puede reconocer la importancia histórica de Cristina sin quedar atrapado para siempre en su figura?
Son dos preguntas distintas, pero ambas forman parte del mismo problema.
Porque una fuerza política que reniega completamente de su pasado corre el riesgo de perder su identidad.
Pero una fuerza política que convierte su pasado en una condición permanente de obediencia corre otro riesgo: impedir que aparezca una nueva generación.
Ese es el dilema.
No se trata simplemente de Cristina contra Kicillof.
Se trata de herencia contra renovación.
De memoria contra futuro.
De conducción histórica contra construcción de una nueva conducción.
La tumba también puede ser política
El título de Sábato contiene una advertencia.
Los héroes pueden convertirse en estatuas.
Y las estatuas, si nadie las discute, pueden terminar convertidas en tumbas.
La historia política argentina está llena de dirigentes transformados en símbolos, de símbolos transformados en identidades y de identidades transformadas en trincheras.
El problema aparece cuando la defensa de una identidad empieza a importar más que la construcción de un proyecto.
Entonces la política deja de mirar hacia adelante y comienza a pelear por quién posee las llaves del mausoleo.
Quizás eso sea lo que hoy debería preguntarse el peronismo.
No solamente quién conduce.
No solamente quién tiene razón.
No solamente quién fue más leal.
Sino qué quiere hacer con la historia que recibió.
Porque una tradición política no se mantiene viva simplemente repitiendo el pasado.
También necesita producir futuro.
Y tal vez ahí esté la gran pregunta que Sábato todavía le puede hacer a la Argentina:
¿Estamos construyendo una nueva historia o seguimos peleando entre nosotros dentro de las tumbas de la historia anterior?
En Sobre héroes y tumbas, el pasado nunca termina de morir.
La cuestión es si quienes vienen después consiguen finalmente salir de él.
