CABA: “TORMENTA NEGRA 2”, MUCHO DESPLIEGUE Y POCAS RESPUESTAS DE FONDO
Hora ReimonHelicópteros, drones, 1.500 efectivos, patrulleros y un enorme despliegue policial. Así volvió a presentarse en las villas porteñas el operativo “Tormenta Negra 2”, anunciado por la Policía de la Ciudad como un procedimiento contra el delito y el narcotráfico.
El parte oficial informó 17 personas detenidas, clausuras y secuestro de vehículos.
Hasta ahí, los números del operativo.
Pero la pregunta incómoda es otra: ¿cuánto de ese despliegue sirve realmente para desarticular las estructuras del narcotráfico y cuánto termina siendo una puesta en escena de seguridad?
EL OPERATIVO QUE TODOS VEN
Cuando un procedimiento de estas características es anunciado con anticipación y llega acompañado de helicópteros, drones y un importante despliegue territorial, quienes conocen el funcionamiento de las redes delictivas pueden adaptar sus movimientos.
La discusión, entonces, no debería limitarse a cuántas personas fueron detenidas.
La pregunta central es quiénes manejan el negocio, quiénes financian las redes, quiénes distribuyen la droga y dónde termina el dinero.
Porque detener eslabones menores de una cadena no necesariamente significa desarmar la estructura.
Y si los principales responsables nunca aparecen, el operativo puede terminar funcionando como una fotografía de seguridad más que como una investigación criminal sostenida.
UNA CIUDAD QUE TIENE OTROS PROBLEMAS
Mientras el Gobierno porteño muestra músculo policial, en los barrios también hay otra realidad.
Calles deterioradas, basura, problemas de infraestructura, trabajadores que sobreviven como pueden y pequeños comerciantes atrapados entre la caída del consumo, las deudas y los costos cada vez más difíciles de sostener.
Para muchos vecinos, la presencia del Estado aparece asociada fundamentalmente con controles, multas, clausuras y despliegues policiales.
La pregunta es qué ocurre con el Estado cuando se necesita educación, salud, asistencia social, infraestructura, prevención de las adicciones y apoyo al pequeño comerciante.
Porque combatir el narcotráfico no debería reducirse solamente a entrar con cientos de policías después de que el problema ya está instalado.
POLICÍAS TAMBIÉN PRECARIZADOS
Hay otra contradicción que pocas veces aparece en la foto oficial.
El Gobierno puede movilizar miles de efectivos para un operativo espectacular, pero eso no responde necesariamente a las condiciones laborales de quienes ponen el cuerpo todos los días.
¿Cuánto cobra un policía? ¿En qué condiciones trabaja? ¿Qué recursos tiene? ¿Qué capacitación recibe?
No alcanza con exigir más presencia policial si quienes deben garantizar esa seguridad también tienen salarios y condiciones laborales que necesitan ser discutidos.
¿SEGURIDAD O MARKETING POLÍTICO?
La seguridad es un problema real y el narcotráfico constituye una amenaza concreta para los barrios.
Pero una política de seguridad seria necesita investigación criminal, inteligencia financiera, seguimiento de las organizaciones, persecución de los responsables y trabajo judicial sostenido.
Un operativo espectacular puede generar imágenes impactantes.
Pero si después de los helicópteros, los drones y las cámaras las estructuras del negocio continúan funcionando, el problema sigue exactamente donde estaba.
La seguridad no se resuelve con una foto.
Y una ciudad tampoco se arregla solamente con represión.
Porque cuando el Estado aparece para perseguir al trabajador, controlar al comerciante o montar un operativo para las cámaras, pero no llega con soluciones para quienes están endeudados, sin trabajo estable o atrapados en barrios abandonados, aparece una pregunta que debería incomodar a cualquier gobierno:
¿Qué modelo de ciudad se está construyendo?
Una ciudad donde la respuesta frente a cada problema sea más policías y más controles, o una ciudad donde la seguridad sea parte de una política mucho más amplia de trabajo, educación, salud, urbanización y oportunidades.
El narcotráfico no se combate con marketing. Se combate desarmando el negocio.
Y para eso hacen falta investigaciones que lleguen hasta arriba.
Hora Reimon
Donde el poder incomoda, ahí estamos.
