MILEI: “ESTAMOS EN LA MEJOR PELÍCULA DE LA HISTORIA”... ¿EN NARNIA?
Javier Milei parece haber cambiado la Casa Rosada por Narnia.
En medio de su discurso triunfalista, el Presidente lanzó otra frase que rápidamente promete convertirse en material para las redes:
“Estamos en la mejor película de la historia. Si yo fuera peronista, con todos mis logros, el 50% de las calles de Argentina llevarían mi nombre”.
La frase no solamente revela la enorme confianza que Milei tiene en su propia gestión.
También expone una pregunta bastante más incómoda:
¿De qué Argentina está hablando?
Porque mientras el Presidente se imagina calles bautizadas con su nombre, hay argentinos que están haciendo cuentas para pagar el alquiler, la comida, los servicios y la tarjeta.
MILEI, EL HÉROE DE SU PROPIA PELÍCULA
El problema del relato presidencial es que Milei parece haberse convertido simultáneamente en director, protagonista, crítico y espectador de su propia película.
Todo lo que ocurre dentro de ella es presentado como un logro.
La inflación baja: Milei.
El déficit desaparece: Milei.
El mercado festeja: Milei.
La economía se transforma: Milei.
Y si alguien cuestiona el resultado...
probablemente sea porque no entendió la película.
Ahora aparece una nueva dimensión del relato: si Milei hubiera sido peronista, según sus propias palabras, las calles llevarían su nombre.
Es difícil saber qué calles tendría en mente.
Pero sí sabemos qué calles recorren millones de argentinos.
Calles con comercios cerrados.
Calles con persianas bajas.
Calles donde trabajadores buscan empleo.
Calles donde jubilados hacen malabares para llegar a fin de mes.
Calles donde las familias recortan gastos porque el salario no alcanza.
Esa también es Argentina.
¿NARNIA O LA ARGENTINA REAL?
El contraste es brutal.
En el universo presidencial, estamos viviendo “la mejor película de la historia”.
En la Argentina real, cada familia tiene su propia película.
Para algunos es la película de la incertidumbre.
Para otros, la del desempleo.
Para otros, la del cierre del comercio.
Para otros, la de abandonar determinados consumos porque el bolsillo no alcanza.
Y para muchos jubilados, trabajadores y sectores populares, la película tiene un género bastante menos épico:
supervivencia.
Por eso la frase de Milei provoca una inevitable sensación de estar escuchando a alguien describir un país que existe solamente dentro de su propio relato.
Una especie de Narnia económica donde todo funciona, todos ganan y el protagonista merece que le pongan su nombre a las calles.
“MIS LOGROS”
Hay otra expresión que tampoco debería pasar inadvertida:
“Todos MIS logros”.
Ese “mis” es quizás lo más revelador.
Porque un Presidente puede defender su gestión.
Puede enumerar indicadores.
Puede reivindicar sus políticas.
Pero convertir cada resultado económico en una hazaña personal mientras millones de ciudadanos soportan las consecuencias del ajuste es otra cosa.
La Argentina no es propiedad de un Presidente.
Y sus resultados tampoco son exclusivamente personales.
Detrás de cada estadística hay trabajadores, empresarios, jubilados, comerciantes, productores y familias que también sostienen el país.
EL PROBLEMA DE GOBERNAR DESDE EL RELATO
La política puede construir relatos.
Pero llega un momento en que el relato choca contra la realidad.
Y la realidad no se mide en discursos.
Se mide en el supermercado.
En la farmacia.
En la factura de luz.
En el alquiler.
En el recibo de sueldo.
En la caja del comercio.
En la fábrica.
En la mesa familiar.
Ahí es donde se comprueba si realmente estamos ante “la mejor película de la historia”.
Porque una cosa es decirlo desde un escenario.
Y otra muy distinta es preguntárselo a quienes tienen que vivirla.
HORA REIMON
Milei imagina una Argentina donde algún día las calles podrían llevar su nombre.
Quizás primero habría que preguntarle algo más sencillo:
¿Qué nombre le pondrían los argentinos a la calle donde viven?
¿Progreso?
¿Libertad?
¿Esperanza?
¿Ajuste?
¿Precariedad?
¿Supervivencia?
Porque si para ver la Argentina que describe Milei necesitamos entrar en un mundo de fantasía...
quizás el problema no sea que los argentinos no entienden su película.
Quizás es que están viviendo otra.
Bienvenidos a Narnia.
