JULIAN ASSANGE YA LO HABÍA ADVERTIDO: “EL OBJETIVO ES UNA GUERRA INTERMINABLE, NO UNA GUERRA EXITOSA
Hace quince años, cuando gran parte del mundo todavía hablaba de la guerra de Afganistán como una interminable lucha contra el terrorismo, Julian Assange lanzó una acusación demoledora contra la lógica económica detrás del conflicto.
En una entrevista de 2011, el fundador de WikiLeaks sostuvo que el objetivo era utilizar Afganistán para transferir dinero proveniente de las bases impositivas de Estados Unidos y Europa hacia lo que denominó una “élite transnacional de seguridad”.
Y remató con una frase que quedó grabada:
“El objetivo es una guerra interminable, no una guerra exitosa.”
La declaración está documentada y fue difundida posteriormente por WikiLeaks.
PERO HAY QUE HACER UNA ACLARACIÓN
En las redes sociales comenzó a circular una versión que reemplaza “Afganistán” por “Ucrania”.Assange no estaba hablando de Ucrania en 2011. La guerra entre Rusia y Ucrania comenzó en su actual fase de invasión a gran escala en 2022, más de una década después de aquella entrevista. Fact-checkers verificaron que la frase original hacía referencia exclusivamente a Afganistán.
Pero eso no significa que la reflexión haya perdido actualidad.
LA GUERRA COMO NEGOCIO
La pregunta que plantea Assange sigue siendo incómoda:
¿Qué ocurre cuando una guerra deja de ser solamente un conflicto militar y se convierte también en un gigantesco circuito de dinero público?
Armamento.
Municiones.
Logística.
Inteligencia.
Contratos militares.
Empresas de seguridad.
Reconstrucción.
Infraestructura.
Miles de millones de dólares pueden movilizarse alrededor de un conflicto prolongado.
Y mientras los gobiernos presentan cada nuevo paquete de asistencia como una necesidad estratégica, existe una industria privada que recibe contratos y recursos públicos.
Eso no demuestra que una guerra haya sido creada deliberadamente para enriquecer a determinadas empresas.
Pero sí permite formular una pregunta legítima:
¿Quién gana dinero cuando la guerra no termina?
AFGANISTÁN: LA ADVERTENCIA
La guerra de Afganistán terminó después de dos décadas con la retirada estadounidense en 2021 y el regreso de los talibanes al poder.
El conflicto dejó enormes costos humanos y financieros.
Para Assange, aquello demostraba que una guerra podía convertirse en un mecanismo permanente de transferencia de recursos públicos hacia un complejo de seguridad transnacional.
Su advertencia era todavía más profunda: el peligro no era solamente una guerra interminable, sino que las sociedades terminaran acostumbrándose a vivir permanentemente en guerra.
Y AHORA, UCRANIA
Hoy la discusión vuelve a aparecer, aunque el contexto es diferente.
La guerra en Ucrania involucra una agresión rusa, la defensa territorial ucraniana y un enorme apoyo militar y financiero occidental.
No existe evidencia que permita afirmar que Ucrania sea simplemente una operación diseñada para “lavar dinero” de los contribuyentes occidentales.
Pero sí existe un debate internacional sobre el volumen de recursos públicos destinados al conflicto, los contratos de defensa y quiénes se benefician económicamente del aumento del gasto militar.
Por eso resulta necesario mirar más allá de los comunicados oficiales.
LA PREGUNTA QUE DEBERÍA INCOMODAR
No se trata de negar las amenazas militares ni de desconocer las razones de quienes defienden a sus países.
Se trata de algo más sencillo:
siempre que se destinan miles de millones de dólares a una guerra, hay que preguntar dónde termina ese dinero.
Porque los soldados combaten.
Los civiles mueren.
Las ciudades son destruidas.
Las familias quedan desplazadas.
Pero, en otra parte del mundo, hay empresas que firman contratos millonarios.
Y esa contradicción merece ser investigada.
HORA REIMON
Assange habló de Afganistán.
No de Ucrania.
Pero su advertencia sobre una industria de seguridad alimentada permanentemente por dinero público vuelve a resonar en un mundo donde los conflictos armados parecen multiplicarse.
La pregunta no debería ser solamente quién gana la guerra.
También deberíamos preguntar quién gana dinero con ella.
Porque una guerra puede tener vencedores militares.
Pero cuando se convierte en un negocio permanente, los grandes ganadores pueden estar muy lejos del campo de batalla.
Hora Reimon
Donde el poder incomoda, ahí estamos.
