EL AJUSTE NO DA TREGUA: EL PODER ADQUISITIVO CAYÓ CASI UN 8% Y LOS HOGARES QUE ALQUILAN ESTÁN ENTRE LOS MÁS GOLPEADOS

Los ingresos reales siguen perdiendo frente al costo de vida. Según estimaciones de la consultora Equilibra, el dinero disponible después de pagar los gastos fijos retrocedió más del 16% respecto de 2023, mientras que en los hogares que alquilan la caída superaría el 20%. Detrás de los números hay una realidad cada vez más difícil: salarios que alcanzan para menos y familias obligadas a recortar gastos esenciales para llegar a fin de mes.
Economía22 de octubre de 2026Hora ReimonHora Reimon

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El relato oficial habla de orden económico, equilibrio fiscal y recuperación. Sin embargo, para millones de argentinos, la economía cotidiana cuenta otra historia: la plata se termina antes que el mes y cada vez cuesta más sostener los gastos básicos.

Según estimaciones de la consultora Equilibra, los ingresos reales acumulan una caída cercana al 8% respecto de 2023. Pero el dato más preocupante aparece cuando se observa cuánto dinero les queda a las familias después de afrontar sus obligaciones mensuales.

Ese margen retrocedió más del 16%. En los hogares que alquilan, la pérdida superaría el 20%.

No se trata de una discusión abstracta sobre indicadores económicos. Se trata de lo que sucede cuando llega el vencimiento del alquiler, cuando aumentan las tarifas, cuando hay que llenar la heladera y cuando el sueldo ya no alcanza para cubrir todo.

El problema no es solamente cuánto se gana, sino cuánto queda

El poder adquisitivo no se mide únicamente comparando el salario con la inflación. También importa cuánto dinero queda disponible después de pagar los gastos que no se pueden evitar.

Alquiler, electricidad, gas, agua, transporte y otros compromisos fijos absorben una parte importante de los ingresos familiares. Cuando esos gastos se llevan una proporción cada vez mayor del sueldo, el margen para comprar alimentos, vestirse, atender la salud o afrontar cualquier imprevisto se reduce drásticamente.

Es ahí donde el ajuste muestra su rostro más concreto: familias que cambian sus hábitos de consumo, postergan compras necesarias, recurren al endeudamiento o dependen de la ayuda de familiares para completar el mes.

La pérdida de poder adquisitivo no siempre aparece en una sola factura. Se acumula en cada compra que se deja para después, en cada producto que se reemplaza por uno más barato y en cada gasto que se elimina porque ya no hay margen.

Los inquilinos, entre los más perjudicados

La situación es todavía más delicada para quienes alquilan. Según las estimaciones citadas, la caída del dinero disponible en estos hogares superaría el 20% respecto de 2023.

El alquiler no es un gasto que pueda eliminarse de un mes para otro. Para miles de familias, representa una obligación ineludible que compite directamente con la alimentación, el transporte y otros consumos esenciales.

Cuando los ingresos pierden capacidad de compra y los gastos fijos absorben cada vez más dinero, la vivienda se convierte en una fuente permanente de presión económica.

El resultado es una economía doméstica cada vez más frágil: cualquier aumento, enfermedad o gasto inesperado puede desestabilizar el presupuesto familiar.

El contraste con el discurso oficial

El Gobierno de Javier Milei defiende su programa económico con el argumento del orden fiscal y la estabilización. Pero el desafío de cualquier política económica es que esa estabilización se traduzca en mejores condiciones de vida para la población.

Un indicador macroeconómico puede mostrar una mejora mientras numerosos hogares siguen sin recuperar su capacidad de consumo. Por eso, la discusión no puede limitarse a las cuentas públicas o a las variables financieras: también debe contemplar los salarios, los ingresos disponibles y el costo real de sostener una familia.

Si los ingresos pierden terreno y cada vez queda menos dinero después de pagar lo indispensable, la pregunta es inevitable: ¿cuándo llega la recuperación para quienes viven de su trabajo?

No alcanza con prometer que el sacrificio tendrá resultados en el futuro. La gente necesita comer hoy, pagar el alquiler hoy y llegar a fin de mes hoy.

Una economía que aprieta desde abajo

La caída del poder adquisitivo tiene consecuencias que van más allá del bolsillo individual. Cuando las familias reducen sus gastos, también se resiente el consumo y sufren los comercios, las pequeñas empresas y las actividades que dependen del mercado interno.

El ajuste, por lo tanto, no termina en el hogar. Se traslada a los negocios de barrio, a los trabajadores independientes y a las pymes que necesitan clientes con capacidad de compra para sostener su actividad.

Mientras tanto, los números difundidos por Equilibra vuelven a poner sobre la mesa una cuestión central: la recuperación económica no puede evaluarse únicamente desde los indicadores que celebra el Gobierno. También debe medirse por la capacidad concreta de los argentinos para vivir de sus ingresos.

Porque cuando el sueldo se achica frente a los gastos, el equilibrio de las cuentas familiares se rompe.

Podrán ocultarlo en los titulares, pero la realidad siempre termina rompiendo el relato.

Hora Reimon