MILEI CONFUNDE LA PRESIDENCIA ARGENTINA CON UNA CRUZADA PERSONAL: VIAJA A ESPAÑA A COMBATIR «LIBERTICIDAS»
Gus Reimon
Hay que tener una cara de piedra importante para viajar a otro país, sin una agenda institucional o diplomática anunciada, y justificarlo diciendo que la misión personal es combatir a los «liberticidas» en todo el mundo.
Javier Milei ya no se conforma con ser presidente de la Argentina. Ahora parece haberse autoproclamado comandante internacional de una guerra ideológica que solo existe en su cabeza política. Un día se pelea con medio mundo, al otro se sube a un avión para dar cátedra y, mientras tanto, los problemas de los argentinos siguen esperando que alguien se haga cargo.
¡Presidente, la Argentina no es una sala de espera mientras usted juega a ser el héroe de una batalla mundial!
¿Quién le explicó que gobernar consiste en viajar para aplaudirse entre amigos ideológicos, repartir insultos y presentarse como el gran combatiente de una supuesta conspiración global?
Porque hay una diferencia enorme entre tener una ideología y convertir la Presidencia de la Nación en una plataforma de militancia personal. Milei no viaja como un ciudadano cualquiera: viaja siendo el jefe de Estado argentino. Y esa investidura tiene obligaciones, no solamente privilegios y micrófonos.
EL MUNDO LO ESPERA, PERO LOS ARGENTINOS TAMBIÉN
Mientras el Presidente se presenta como el cruzado internacional de la libertad, acá hay jubilados haciendo cuentas para comprar medicamentos, trabajadores que no llegan a fin de mes, familias que recortan alimentos y comercios que luchan para mantenerse abiertos.
Pero parece que nada de eso tiene suficiente épica para una convención internacional.
El jubilado que no puede pagar sus remedios no entra en el discurso triunfalista. La familia que se endeuda para comprar comida no tiene lugar en la foto. El trabajador que ve cómo su salario pierde frente al costo de vida no parece ser una prioridad en esta supuesta batalla mundial.
Para ellos no hay una cruzada presidencial. Hay ajuste, incertidumbre y una pregunta que se repite en cada hogar: ¿hasta cuándo?
¿Y LA PLATA DE LOS ARGENTINOS?
Acá hay otra cuestión que el Gobierno debería responder con claridad: ¿cuál es el costo total del viaje, quién financia cada actividad y qué beneficio concreto obtiene la Argentina?
Porque los recursos públicos no son la caja personal del Presidente ni un cheque en blanco para financiar una agenda ideológica internacional. Si hay objetivos de interés nacional, que los expliquen. Si se trata de actividades partidarias, que transparenten los gastos y quién los paga.
La plata de los argentinos no está para financiar el tour mundial del ego presidencial.
Y no, Javier: no alcanza con invocar la libertad cada vez que alguien pregunta por tus responsabilidades. La libertad también incluye el derecho de los ciudadanos a exigir explicaciones sobre cómo se utilizan sus impuestos.
PRESIDENTE DE LA ARGENTINA, NO CANDIDATO A SALVADOR DEL PLANETA
Milei puede defender sus ideas, reunirse con dirigentes extranjeros y participar en actividades políticas. Lo que no puede pretender es que los argentinos renuncien a preguntar para qué sirve cada viaje presidencial y qué resultados concretos produce.
Porque la Presidencia no es un premio personal, ni un escenario para alimentar la épica propia, ni una franquicia internacional de La Libertad Avanza.
Javier, bajate un rato del pedestal mundial y mirá lo que pasa en tu propio país.
La Argentina necesita un presidente que se ocupe de su gente, no un predicador itinerante que confunde gobernar con combatir enemigos imaginarios en cada aeropuerto.
Vos hablás de enfrentar a los «liberticidas» en todo el mundo. Perfecto. Pero antes de salir a salvar al planeta, explicales a los argentinos qué estás haciendo para que puedan vivir mejor.
Porque hay algo que parece que todavía no entendiste: no te eligieron presidente del mundo. Te eligieron presidente de la Argentina. Y la Argentina no puede seguir pagando la cuenta de tus cruzadas personales.
HORA REIMON
