“Querían un país mejor y les costó la vida”: a 50 años de La Noche de los Lápices

A cinco décadas del operativo represivo que tuvo como blanco a estudiantes secundarios de La Plata, Estela de Carlotto llamó a mantener viva la memoria y a continuar la lucha por una sociedad más justa. “Más que llorar, les digo: ‘sigamos, la patria nos necesita’”, expresó.
Política16 de septiembre de 2026Hora ReimonHora Reimon

A 50 años de La Noche de los Lápices, la memoria vuelve a interpelar al presente. En septiembre de 1976, durante la última dictadura cívico-militar argentina, un grupo de estudiantes secundarios de La Plata fue secuestrado en distintos operativos. Muchos de ellos habían participado de reclamos vinculados al boleto estudiantil.

La mayoría tenía entre 16 y 18 años.

El episodio se convirtió en uno de los símbolos de la persecución política y del terrorismo de Estado desplegado durante la dictadura. Los estudiantes fueron llevados a centros clandestinos de detención y sometidos a torturas. Algunos continúan desaparecidos.

Medio siglo después, Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, reivindicó la memoria de aquellos jóvenes y puso el foco en el compromiso con las generaciones futuras.

“Querían un país mejor y les costó la vida”.

La frase resume una historia atravesada por la militancia juvenil, la represión y la desaparición forzada. Pero también plantea una pregunta que permanece vigente: qué sociedad se construye cuando una generación decide comprometerse con las injusticias de su tiempo.

Carlotto eligió no quedarse únicamente en el dolor. “Más que llorar, les digo: ‘sigamos, la patria nos necesita’”, expresó, convirtiendo el recuerdo en una convocatoria a mantener viva la memoria.

50 años después, recordar también es preguntar

La Noche de los Lápices no pertenece solamente a los libros de historia. Su recuerdo forma parte de una política de memoria que busca reconstruir qué ocurrió durante el terrorismo de Estado y preservar el nombre y la historia de quienes fueron víctimas de la represión.

Los estudiantes perseguidos no eran solamente una cifra dentro de una lista de desaparecidos. Eran jóvenes con familias, proyectos, amistades y expectativas sobre el futuro.

Por eso, a medio siglo de aquellos secuestros, la memoria vuelve a poner en primer plano una consigna fundamental: que nunca más el Estado utilice su poder para perseguir, secuestrar, torturar o desaparecer a quienes piensan distinto.

Recordarlos no significa congelarlos en una fotografía de 1976. Significa recuperar sus historias, conocer qué reclamaban y preguntarse qué sociedad soñaban construir.

La memoria como presente

A 50 años, las palabras de Estela de Carlotto funcionan como una invitación a transformar el homenaje en compromiso.

“Sigamos, la patria nos necesita”.

Porque recordar a quienes fueron asesinados o permanecen desaparecidos también implica defender el derecho de las nuevas generaciones a expresarse, organizarse y participar de la vida democrática.

La memoria no es solamente mirar hacia atrás. También es decidir qué futuro queremos construir.

Hora Reimon — Dónde el  poder incomoda, ahí estamos.