BOLIVIA: EL CAMPESINADO VUELVE A LAS CALLES Y CRECE LA PRESIÓN CONTRA EL GOBIERNO
La conflictividad social se profundiza: organizaciones campesinas cuestionan el rumbo económico, el precio de los combustibles y las medidas del Gobierno. En distintas regiones ya hubo marchas, bloqueos y declaraciones de movilización permanente.
Hora ReimonBolivia atraviesa un nuevo escenario de tensión social y el movimiento campesino vuelve a ocupar un lugar central.
La Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), una de las principales organizaciones del campesinado boliviano, mantiene una agenda de reclamos y coordinación con sus estructuras departamentales. La organización tiene alcance nacional y plantea entre sus objetivos la defensa de los derechos de los pueblos indígenas y campesinos, la tierra, los recursos naturales y la participación de las organizaciones rurales en las políticas públicas.
Pero el escenario actual va mucho más allá de una discusión interna de las organizaciones.
EL COMBUSTIBLE SE CONVIRTIÓ EN UNO DE LOS GRANDES CONFLICTOS
En Cochabamba, organizaciones campesinas y del Trópico anunciaron un estado de movilización permanente y rechazaron el Decreto Supremo 5676, al que denominaron “Dieselazo”.
El reclamo apunta especialmente al aumento del precio del diésel para grandes consumidores y al impacto que, según las organizaciones, tiene sobre productores que necesitan combustible para maquinaria y actividades agrícolas.
Las organizaciones campesinas de Cochabamba, las Bartolinas y las Seis Federaciones del Trópico también convocaron a una marcha y denunciaron el avance de políticas económicas que consideran perjudiciales para los sectores populares.
DEL RECLAMO A LOS BLOQUEOS
La tensión no quedó limitada a las declaraciones.
En Santa Cruz, organizaciones campesinas de la provincia Manuel María Caballero instalaron un bloqueo para reclamar contra el sistema denominado SIScarguío, al que responsabilizan por dificultades para acceder al combustible destinado a la producción.
La medida afectó una ruta estratégica que conecta Santa Cruz con Cochabamba y Sucre. Posteriormente, los movilizados resolvieron dejar la protesta en cuarto intermedio.
Es decir: el problema del combustible empieza a transformarse en un conflicto que atraviesa distintas regiones y sectores productivos.
UN PAÍS EN TENSIÓN
Durante los últimos meses, distintas organizaciones campesinas bolivianas ya protagonizaron movilizaciones y bloqueos.
En junio, por ejemplo, la Federación Sindical Única de Trabajadores Campesinos Túpac Katari de La Paz y organizaciones de mujeres campesinas habían realizado movilizaciones y luego convocaron a un ampliado extraordinario para evaluar la situación política y social y definir nuevas acciones.
Al mismo tiempo, el Gobierno buscó abrir canales de diálogo con las organizaciones.
El Ejecutivo informó reuniones con la CSUTCB, la COB y federaciones campesinas de distintos departamentos, con el objetivo de atender demandas y coordinar acciones.
Pero el diálogo todavía no parece haber desactivado todos los focos de conflicto.
EL CAMPO DICE BASTA
La cuestión central es económica.
Cuando aumenta el combustible, no solamente aumenta el costo de llenar un tanque.
Aumenta el costo de producir.
Aumenta el costo de transportar.
Aumenta el costo de llevar los alimentos hasta los mercados.
Y finalmente aumenta el costo que paga la población.
Por eso, el conflicto campesino puede terminar convirtiéndose en un problema mucho más amplio que el precio del diésel.
Porque detrás del combustible está el precio de los alimentos y detrás del precio de los alimentos está el bolsillo de millones de bolivianos.
UNA NUEVA DISPUTA POR EL RUMBO ECONÓMICO
El movimiento campesino está planteando una discusión de fondo sobre el modelo económico y el papel del Estado.
Las organizaciones que se movilizan cuestionan medidas que consideran perjudiciales para productores y sectores populares y reivindican la defensa de los recursos naturales, la economía popular y la soberanía nacional.
El Gobierno, mientras tanto, enfrenta el desafío de contener una conflictividad que ya no aparece concentrada en un único punto del país.
Cochabamba, La Paz, Santa Cruz y otras regiones muestran diferentes expresiones de un mismo malestar: combustible, producción, precios y condiciones económicas.
Y CUANDO EL CAMPO SE MOVILIZA, EL CONFLICTO YA NO QUEDA EN LA CIUDAD.
Bolivia vuelve a tener al movimiento campesino en el centro de la escena.
La pregunta ahora es si el Gobierno podrá canalizar los reclamos mediante el diálogo o si la protesta seguirá creciendo hasta convertirse en una nueva crisis nacional.
Hora Reimon
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