LA CUENTA QUE MILEI NO QUIERE PAGAR: AJUSTAR LA EDUCACIÓN SALE CARO

 El Gobierno admite que el ajuste también alcanzó a la educación para ordenar las cuentas. El resultado aparece en las aulas: Argentina quedó 72° entre 91 países en Ciencias, 75° en Matemática y 62° en Lectura. El problema no es solamente cuánto se ahorró: es qué futuro se está pagando con ese ahorro.
Hay frases que deberían quedar registradas.
Política09 de septiembre de 2026Hora ReimonHora Reimon

Porque cuando un funcionario del Gobierno reconoce que se ajustó en educación para ordenar las cuentas públicas, ya no estamos hablando de una interpretación opositora.

Estamos hablando de una definición política.

Se decidió ahorrar en educación.

Y ahora aparecen los resultados.

Las pruebas PISA 2025, cuyos resultados se conocieron este martes, ubicaron a Argentina entre los peores desempeños de la región y mostraron un deterioro particularmente preocupante en las competencias básicas. El país quedó 72° sobre 91 participantes en Ciencias, 75° en Matemática y 62° en Lectura.

Argentina obtuvo 367 puntos en Matemática, 393 en Ciencias y 389 en Lectura, con resultados que constituyen el peor desempeño del país en dos décadas.

NO ES UNA PLANILLA DE EXCEL

El Gobierno puede mirar el déficit fiscal y celebrar que las cuentas cierren.

Pero hay una pregunta que ningún Excel puede responder:

¿Cuánto cuesta un chico que no aprende?

¿Cuánto cuesta una generación que termina la escuela sin comprender adecuadamente un texto, resolver un problema matemático o interpretar información científica?

Porque la educación no es un gasto cualquiera.

Es una inversión sobre las próximas décadas.

Y cuando se recorta ahí para mostrar equilibrio fiscal, el ahorro aparece inmediatamente en las cuentas públicas, pero la factura llega años después.

La paga la sociedad.

EL GOBIERNO AHORA QUIERE DESPEGARSE

La reacción oficial frente a PISA fue llamativa.

En lugar de asumir responsabilidad por la situación actual, el Gobierno apuntó contra las gestiones anteriores y sostuvo que los resultados reflejan problemas acumulados desde hace años.

Y es cierto que la crisis educativa argentina no comenzó con Milei.

Eso hay que decirlo.

Pero tampoco se puede utilizar el deterioro histórico como excusa para desconocer lo ocurrido durante los últimos tres años.

Según datos citados en los análisis publicados hoy, el financiamiento educativo nacional sufrió una fuerte reducción desde el comienzo de la actual gestión.

Entonces la pregunta es inevitable:

Si el sistema estaba mal, ¿por qué se decidió quitarle todavía más recursos?

EL RESULTADO ESTÁ EN EL AULA

Mientras el Gobierno habla de eficiencia y equilibrio fiscal, miles de escuelas enfrentan problemas de infraestructura, programas nacionales discontinuados o reducidos y docentes cuyos salarios perdieron poder adquisitivo.

Y hay algo todavía más grave.

Los chicos no pueden esperar a que llegue el próximo ciclo económico.

El chico que hoy no comprende un texto va a tener dificultades mañana para estudiar una carrera, conseguir un trabajo calificado, interpretar un contrato, comprender una noticia o defenderse de una estafa.

La alfabetización no es una cuestión ideológica.

Es una herramienta de ciudadanía.

¿AHORRO O DESTRUCCIÓN?

Acá está el verdadero debate.

Ordenar las cuentas públicas puede ser necesario.

Pero no todo ajuste es virtuoso.

Si para mostrar superávit se recorta justamente en aquello que determina las capacidades futuras de una sociedad, quizás las cuentas cierren mientras el país se empobrece por otro lado.

Porque una nación puede tener déficit cero.

Puede tener superávit financiero.

Puede mostrar reservas.

Pero si sus chicos aprenden cada vez menos, el costo se está acumulando en silencio.

Y ese costo no aparece en el Excel de Caputo.

Aparece en el futuro.

Por eso, desde Hora Reimon, la pregunta es sencilla:

¿CUÁNTO DINERO SE AHORRÓ AJUSTANDO LA EDUCACIÓN Y CUÁNTO NOS VA A COSTAR HABERLO HECHO?

Porque no es solamente ahorro.

Es decidir qué sociedad vamos a tener dentro de diez, veinte o treinta años.

Y si para ordenar las cuentas hay que sacrificar el aprendizaje de los pibes, entonces quizás las cuentas estén ordenadas.

Pero el país, no.

Hora Reimon
Donde el poder incomoda, ahí estamos.