MILEI HIZO UNA CADENA POR MALVINAS, TRUMP YA HABLÓ CON LONDRES Y AHORA APARECE ELSZTAIN: EL NEGOCIO QUE PONE AL GOBIERNO ANTE SU PROPIA CONTRADICCIÓN
Gus Reimon
En Hora Reimon lo venimos advirtiendo desde el jueves: la cadena nacional de Javier Milei tuvo mucho de puesta en escena y bastante menos de política soberana concreta.
El Presidente apareció hablando de Malvinas, de soberanía, de sanciones contra empresas que explotan recursos naturales y hasta anunció una nueva base naval en Tierra del Fuego.
El Gobierno intentó instalar la imagen de un Milei dispuesto a plantarse frente al Reino Unido.
Pero mientras el Presidente argentino hacía su discurso, la diplomacia internacional seguía jugando su propio partido.
Y ahí aparece un dato que resulta incómodo para el relato oficial: el supuesto respaldo de Donald Trump a la posición argentina no significa que Washington haya decidido alinearse automáticamente con Buenos Aires. Por el contrario, la cuestión Malvinas continúa atravesada por los intereses propios de Estados Unidos y su relación con Londres.
TRUMP NO ES EL PRESIDENTE ARGENTINO
Milei quiso leer las declaraciones de Trump como un espaldarazo histórico.
Pero una cosa es que el presidente estadounidense haga declaraciones que puedan favorecer circunstancialmente la posición argentina y otra muy diferente es que Estados Unidos haya modificado formalmente su política sobre Malvinas.
Mientras tanto, el Reino Unido mantiene intacta su posición.
Por eso, más que una victoria diplomática, la cadena de Milei terminó pareciendo una enorme operación política interna alrededor de una causa que atraviesa emocionalmente a buena parte de la sociedad argentina.
De hecho, una encuesta de Management & Fit publicada esta semana mostró que el 61,1% de los argentinos considera que el giro de Milei sobre Malvinas responde a una conveniencia política.
Y EN MEDIO DE TODO ESTO APARECE EDUARDO ELSZTAIN
Como si la realidad quisiera agregarle un capítulo inesperado a la historia, esta semana Eduardo Elsztain salió públicamente a explicar su participación en la Falkland Islands Company, una de las empresas históricamente más importantes de las islas.
Y su explicación es explosiva.
Elsztain contó que comenzó a comprar acciones de la compañía entre 2005 y 2006 y que en 2017 intentó quedarse con el control mayoritario.
¿El argumento?
Según el propio empresario, la idea era utilizar la presencia económica argentina en las islas para estrechar vínculos sociales, económicos, culturales y productivos y contribuir así al reclamo argentino de soberanía.
Pero los británicos bloquearon la operación.
Elsztain no pudo quedarse con el control de la compañía y terminó conservando una participación minoritaria.
LA PREGUNTA INCÓMODA PARA MILEI
Acá aparece la contradicción que el Gobierno debería explicar.
Milei acaba de anunciar que el Estado argentino avanzará contra empresas vinculadas con la explotación de recursos naturales en Malvinas sin autorización argentina.
El Gobierno informó además que inició procedimientos sancionatorios contra 45 personas y empresas vinculadas con actividades hidrocarburíferas en las islas.
Entonces la pregunta es inevitable:
¿Qué pasa con los argentinos que tienen participación económica en empresas radicadas en las Malvinas?
Porque si la nueva política de Milei sostiene que cualquier vínculo empresarial con actividades desarrolladas en territorio que Argentina considera propio debe ser analizado desde la perspectiva de la soberanía, el caso Elsztain abre un interrogante político enorme.
No porque la FIC sea una empresa pesquera monopólica —eso sería incorrecto— sino porque es una pieza histórica del entramado económico de las islas, con negocios inmobiliarios, comerciales, agropecuarios, logísticos, hoteleros y servicios vinculados a la actividad pesquera y marítima.
EL DATO QUE CAMBIA LA LECTURA
Y acá aparece la paradoja.
Mientras Milei pretende presentarse como el presidente que finalmente va a enfrentar a las empresas que explotan recursos de Malvinas, un empresario argentino reconoce que hace casi dos décadas buscaba ingresar económicamente en el corazón del entramado empresarial de las islas como una estrategia para fortalecer el reclamo soberano.
Elsztain incluso sostuvo que, si tuviera nuevamente la oportunidad, volvería a intentarlo.
Entonces la discusión deja de ser solamente:
¿Quién dice más fuerte "las Malvinas son argentinas"?
La pregunta verdadera debería ser:
¿Qué política concreta tiene Argentina para recuperar influencia económica, diplomática y estratégica en el Atlántico Sur?
Porque gritar soberanía por cadena nacional es fácil.
Lo difícil es construir una política de Estado capaz de disputar intereses económicos, pesqueros, petroleros, diplomáticos y estratégicos durante décadas.
Y hasta ahora, el Gobierno de Milei parece haber descubierto Malvinas como consigna política mucho más rápido de lo que logró construir una estrategia integral de soberanía.
LA PREGUNTA FINAL PARA MILEI
Si el Gobierno realmente quiere impedir que empresas vinculadas con Malvinas operen sobre recursos que Argentina considera propios:
¿qué va a hacer con todos los negocios, inversiones y vínculos económicos existentes alrededor de las islas?
Porque la soberanía no se defiende solamente con una cadena nacional.
Se defiende con política exterior, inteligencia estratégica, presencia económica, diplomacia y una política de Estado sostenida en el tiempo.
Y ahí es donde empieza la verdadera discusión sobre Malvinas.
Hora Reimon
Donde el poder incomoda, ahí estamos.
