ISRAEL Y LA BATALLA POR LA IA: CÓMO UNA OPERACIÓN DE PROPAGANDA BUSCÓ INFLUIR EN CHATGPT

Israel no solo disputa el relato sobre Gaza en medios y redes sociales. Una investigación reveló una operación vinculada al Gobierno israelí para crear contenido diseñado específicamente para aparecer en buscadores y ser recuperado por sistemas de inteligencia artificial como ChatGPT, Claude y Perplexity. El caso del supuesto “Hanover Institute” expone una nueva frontera de la propaganda: intentar influir no solo en lo que leen las personas, sino también en las fuentes con las que las máquinas construyen sus respuestas.
Mundo07 de septiembre de 2026Hora ReimonHora Reimon

La batalla por el relato sobre Gaza acaba de entrar en un territorio mucho más difícil de controlar: el de la inteligencia artificial.

Investigaciones periodísticas recientes revelaron la existencia del Hanover Institute for Public Policy, una organización presentada con la apariencia de un think tank estadounidense, pero que, según documentos y registros analizados por distintos medios, habría sido creada por la empresa estadounidense Piro Inc. por encargo de la agencia de publicidad del Gobierno de Israel.

El objetivo no habría sido solamente convencer a lectores humanos.

La operación habría buscado producir contenidos capaces de ser encontrados, procesados y eventualmente citados por sistemas de inteligencia artificial.

PROPAGANDA DISEÑADA PARA LAS MÁQUINAS

El mecanismo resulta particularmente novedoso.

Desde comienzos de agosto, el sitio del Hanover Institute comenzó a publicar numerosos informes sobre Israel, Palestina, Gaza y antisemitismo. Los textos utilizaban el formato de investigaciones académicas: preguntas como títulos, estadísticas, gráficos, referencias y un lenguaje aparentemente neutral.

Pero las investigaciones detectaron elementos llamativos: los artículos no tenían autores identificables y el instituto carecía de las características habituales de un centro de estudios convencional. Además, una declaración en el propio sitio vinculaba su creación con la agencia publicitaria del Gobierno israelí.

En pocos días, el sitio llegó a publicar más de un centenar de informes. Otra investigación contabilizó 124 piezas y más de 560.000 palabras producidas en apenas nueve días.

La estrategia apunta a una idea sencilla pero poderosa: si una inteligencia artificial encuentra repetidamente una determinada información cuando busca respuestas sobre un tema, esa información puede terminar formando parte de la respuesta que recibe el usuario.

NO ES “HACKEAR” CHATGPT: ES INTENTAR MOLDEAR SUS FUENTES

El término “hackeo” puede resultar atractivo como titular, pero técnicamente no describe lo que ocurrió.

No hay evidencia de que el Gobierno israelí haya vulnerado los sistemas internos de ChatGPT, Claude o Perplexity.

Lo que sí documentaron las investigaciones es una estrategia de optimización de contenidos para sistemas de inteligencia artificial, conocida en el sector como “AI Story Optimization”.

La empresa involucrada promocionaba precisamente servicios destinados a crear contenidos adaptados a la manera en que los modelos de lenguaje evalúan y encuentran información.

La diferencia es fundamental.

No se trata de entrar ilegalmente en una computadora.

Se trata de llenar el ecosistema informativo de contenidos estratégicamente diseñados para que las máquinas los encuentren.

¿QUÉ PASA CUANDO UNA IA CITA UNA FUENTE QUE PARECE INDEPENDIENTE?

Ahí aparece el verdadero problema.

Un usuario puede preguntarle a una inteligencia artificial:

¿Israel está utilizando el hambre como arma en Gaza?

O:

¿Qué dicen las investigaciones sobre los crímenes de guerra en Gaza?

La persona puede creer que está recibiendo una síntesis objetiva de múltiples fuentes.

Pero si entre esas fuentes aparece una organización que parece un instituto académico independiente y en realidad fue creada como parte de una campaña de comunicación política, el usuario difícilmente tendrá las herramientas para detectar el problema.

Investigaciones citadas por distintos medios encontraron que sistemas como ChatGPT y Perplexity llegaron a citar materiales del Hanover Institute al responder determinadas preguntas relacionadas con Gaza, Israel, antisemitismo y otros asuntos vinculados al conflicto.

LA NUEVA GUERRA DEL RELATO

La propaganda tradicional intenta convencer a periodistas, votantes y ciudadanos.

La propaganda adaptada a la inteligencia artificial intenta además convencer a los sistemas que sintetizan información para esos ciudadanos.

Es un cambio profundo.

Porque una persona que lee una propaganda puede reconocerla, contrastarla y discutirla.

Pero cuando una inteligencia artificial presenta un dato dentro de una respuesta extensa y con apariencia objetiva, el origen de esa información puede quedar oculto para el usuario.

La disputa ya no ocurre solamente en la televisión, los diarios, X, TikTok o Instagram.

También ocurre en el lugar donde millones de personas comienzan a buscar respuestas: el cuadro de texto de una inteligencia artificial.

EL PELIGRO ES MÁS GRANDE QUE UN SOLO CASO

El caso Hanover plantea una pregunta que excede el conflicto entre Israel y Palestina.

¿Qué ocurre si gobiernos, empresas, partidos políticos o grupos de presión comienzan a producir miles de páginas específicamente diseñadas para influir sobre los sistemas de IA?

La inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta extraordinaria para acceder al conocimiento.

Pero también puede transformarse en un nuevo campo de batalla informativo.

Por eso, frente a cualquier respuesta generada por una IA, una regla vuelve a ser indispensable:

preguntar de dónde salió la información, quién la produjo y quién tenía interés en que apareciera.

Porque la próxima batalla por la verdad quizás no se libre solamente para controlar lo que vemos.

También puede librarse para controlar lo que una máquina nos dice que es verdad.

HORA REIMON
Donde el poder incomoda, ahí estamos.