ALICIA CASTRO: “MALVINAS COMO CABALLO DE TROYA DE UNA REFORMA DE SEGURIDAD NACIONAL”

Castro fue particularmente dura con el nuevo discurso presidencial y cuestionó que Javier Milei utilice la Causa Malvinas como plataforma para introducir una transformación más profunda de la política de seguridad del Estado.
“Milei hoy utiliza la Causa Malvinas como Caballo de Troya de una reforma que hacía tiempo estaba en las gateras: finalmente van por la reimposición de la doctrina de seguridad nacional”, sostuvo.
La crítica apunta directamente al anuncio más polémico de la cadena nacional: la creación de un Consejo de Seguridad Nacional, que según el Gobierno tendrá la función de coordinar una política transversal entre Cancillería, Defensa, Inteligencia y Economía. El proyecto también contempla mecanismos para proteger infraestructura crítica y un marco de protección aeroespacial y marítima.
Para Castro, esa transformación no debería confundirse con la defensa de la soberanía argentina sobre las islas.
“MALVINAS NUNCA TUVO QUE VER CON ESA FILOSOFÍA”
La ex embajadora fue categórica al separar la Causa Malvinas de la doctrina de seguridad nacional.
“Ni ayer ni hoy la Causa sagrada de la Nación tuvo que ver con esa filosofía impuesta desde el Norte”, afirmó.
Y agregó que esa doctrina “no hizo otra cosa que proliferar la persecución interna sin resolver ni uno de las cuestiones soberanas pendientes”.
La observación coloca el debate en un terreno mucho más amplio que el conflicto diplomático con el Reino Unido.
La pregunta pasa a ser qué tipo de Estado de seguridad pretende construir el Gobierno bajo la bandera de Malvinas.
Milei sostiene que la defensa de la soberanía exige una coordinación permanente entre Defensa, Seguridad, Inteligencia, Cancillería y Economía. La Oficina del Presidente justificó esa arquitectura afirmando que una Argentina “políticamente relevante y militarmente respetable” tendrá mejores condiciones para defender su territorio y sus recursos.
Castro interpreta esa misma decisión de manera completamente diferente.
GRANOVSKY, TAIANA Y CASTRO: TRES MIRADAS SOBRE UNA MISMA CONTRADICCIÓN
Las críticas empiezan a formar un cuadro común.
Martín Granovsky definió el mensaje presidencial como “galtieroide” y cuestionó la exhibición de un discurso soberanista dentro de políticas que considera antisoberanas.
Jorge Taiana sostuvo que Milei busca “galtierizar” su figura y recordó que las leyes 26.659 y 26.915 ya contemplan sanciones para determinadas actividades hidrocarburíferas vinculadas con Malvinas.
Alicia Castro va un paso más allá: advierte que Malvinas podría estar funcionando como el argumento político para instalar una nueva doctrina de seguridad nacional.
Los tres, desde experiencias diferentes, colocan el foco en una misma cuestión:
no alcanza con escuchar qué dice Milei sobre Malvinas; hay que observar qué estructura de Estado está construyendo alrededor de ese discurso.
SOBERANÍA NO ES SINÓNIMO DE SEGURIDAD INTERNA
La discusión adquiere especial sensibilidad por el concepto de “seguridad nacional”.
La defensa de la soberanía argentina sobre Malvinas constituye un mandato constitucional y una política de Estado. Pero eso no implica necesariamente que toda problemática social, política o económica deba ser abordada bajo una lógica de seguridad.
Ahí aparece el principal temor expresado por Castro.
La experiencia histórica latinoamericana demuestra que las doctrinas de seguridad nacional fueron utilizadas para justificar la persecución de actores políticos y sociales bajo el argumento de combatir amenazas internas.
Por eso, transformar Malvinas en el punto de partida de una nueva arquitectura de seguridad requiere, como mínimo, un debate democrático profundo.
EL PETRÓLEO, LA PESCA Y LO QUE QUEDA DETRÁS
Mientras el Gobierno coloca el proyecto petrolero Sea Lion en el centro de la amenaza sobre los recursos argentinos, existe otra dimensión que no puede quedar relegada: la pesca.
El Atlántico Sur es un espacio de enorme riqueza pesquera y económica. Las aguas que rodean Malvinas son explotadas por flotas extranjeras bajo licencias de la administración británica, cuya legitimidad Argentina cuestiona.
Así, el conflicto no se limita a una futura explotación petrolera.
Está en juego el control de petróleo, pesca, recursos marítimos, rutas estratégicas y territorio.
Y detrás de todo eso aparece una disputa geopolítica mucho mayor.
EL NUEVO DISCURSO Y LA VIEJA PREGUNTA
Milei afirmó que cualquier avance sobre Malvinas será considerado una violación a la seguridad nacional.
El Gobierno anuncia sanciones, una nueva estructura de seguridad, protección marítima y aeroespacial y mayor infraestructura militar en Tierra del Fuego.
Pero las críticas de Granovsky, Taiana y Castro obligan a formular una pregunta diferente:
¿Estamos ante una política integral de recuperación de soberanía sobre Malvinas o ante la utilización de Malvinas para legitimar un nuevo paradigma de seguridad nacional?
La respuesta deberá surgir de los hechos.
Porque la soberanía argentina sobre Malvinas no necesita ser inventada por ningún gobierno: está establecida en la Constitución y forma parte de una causa nacional.
Lo que sí debe discutirse es qué modelo de Estado, qué política exterior y qué estrategia de Defensa se pretende construir en su nombre.
Y en ese punto, la advertencia de Alicia Castro funciona como una señal de alarma:
Malvinas no puede convertirse en el Caballo de Troya de una política de seguridad que termine mirando hacia adentro cuando el problema soberano está, fundamentalmente, en el Atlántico Sur.
Hora Reimon — Donde el poder incomoda, ahí estamos.
