ALERTA CLIMÁTICA: EL NIÑO SE INTENSIFICA Y PODRÍA SER EL MÁS POTENTE EN CUATRO DÉCADAS

La Organización Meteorológica Mundial advirtió que el fenómeno alcanzará una intensidad excepcional hacia fines de 2026. El calentamiento de los océanos, asociado al cambio climático, puede amplificar sus consecuencias: inundaciones, sequías, calor extremo y fuertes impactos sobre la producción de alimentos.
Mundo04 de septiembre de 2026

El planeta vuelve a recibir una advertencia que no admite demasiados márgenes para la indiferencia.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirmó que el fenómeno de El Niño está plenamente establecido y continuará fortaleciéndose durante los próximos meses, hasta alcanzar una intensidad muy fuerte hacia finales de 2026. Sus efectos podrían prolongarse hasta bien entrado 2027.

Según las últimas previsiones, existe una probabilidad cercana al 100% de que El Niño persista hasta febrero de 2027, una señal que la propia OMM considera excepcional por el grado de certeza de los modelos climáticos.

Un fenómeno natural sobre un planeta cada vez más caliente

El Niño es un fenómeno climático natural asociado al calentamiento anómalo de las aguas del Pacífico ecuatorial. Sin embargo, esta vez se desarrolla sobre un escenario muy diferente al de décadas anteriores: los océanos ya registran temperaturas excepcionalmente elevadas debido al calentamiento global.

Esa combinación puede potenciar los impactos del fenómeno.

La OMM advierte que un El Niño muy fuerte puede alterar significativamente los patrones de precipitaciones y temperaturas en distintas regiones del planeta, aumentando los riesgos de inundaciones, sequías y episodios de calor extremo.

No significa que todos los países vayan a experimentar exactamente el mismo clima. El Niño modifica los patrones atmosféricos de manera diferente según la región. Pero sí aumenta la probabilidad de eventos extremos y vuelve más compleja la planificación de actividades esenciales como la agricultura, la gestión del agua y la prevención de desastres.

América Latina, nuevamente en la primera línea

La región ya comenzó a sentir las consecuencias.

Distintos países latinoamericanos adoptaron medidas de emergencia ante la evolución del fenómeno. Panamá, El Salvador y Ecuador aparecen entre los países que han elevado sus niveles de alerta o tomado medidas preventivas frente a sus posibles efectos.

El impacto puede sentirse especialmente sobre la producción agropecuaria. Alteraciones bruscas de las lluvias, períodos de sequía o precipitaciones extraordinarias pueden afectar cosechas, infraestructura, reservas de agua y precios de los alimentos.

Y existe otra preocupación: El Niño llega en un planeta que ya está atravesando un proceso de calentamiento global.

La advertencia que debería encender todas las alarmas

La secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, advirtió que el episodio podría superar lo observado desde que comenzó el monitoreo sistemático del fenómeno hace cuatro décadas.

La situación obliga a mirar más allá del pronóstico meteorológico cotidiano.

No estamos hablando solamente de si lloverá más o menos.

Estamos hablando de agua, alimentos, producción, infraestructura, salud pública y capacidad de respuesta de los Estados.

La OMM ya está reforzando, junto con los servicios meteorológicos nacionales, los sistemas de alerta temprana y las tareas de preparación frente a un evento excepcional.

¿Y Argentina?

Para la Argentina, el fenómeno merece especial atención por su potencial impacto sobre las precipitaciones y las temperaturas, particularmente en sectores sensibles de la producción agropecuaria y en zonas expuestas a inundaciones.

Pero hay una cuestión todavía más profunda.

Si el mundo atraviesa un episodio de El Niño excepcional mientras los océanos continúan registrando temperaturas extraordinariamente elevadas, la discusión climática deja de ser una cuestión para el futuro: es un problema del presente.

Prepararse cuesta dinero.

No prepararse puede costar muchísimo más.

El clima no negocia con los gobiernos, no distingue ideologías y no espera elecciones.

Mientras los dirigentes discuten quién tiene razón, la temperatura de los océanos sigue subiendo.

Y esta vez, la advertencia viene de la Organización Meteorológica Mundial.

Hora Reimon — Donde el poder incomoda, ahí estamos.