MILEI SE DESENTIENDE DEL FRACASO: “SI NO ME VOTAN, QUE SE ARREGLEN”
En el encuentro “Vientos de Cambio”, realizado en el hotel Sheraton, Javier Milei volvió a colocarse en el centro de la escena con una definición que resume una de las características más polémicas de su gobierno: cuando las cosas salen mal, la responsabilidad parece ser siempre de otro. Según sus declaraciones, si la sociedad no vuelve a elegirlo será porque “decide suicidarse”, mientras él ya tendría asegurado su futuro dando conferencias.
Javier Milei parece haber encontrado la fórmula perfecta para gobernar sin hacerse cargo de las consecuencias.
Si la economía funciona, es mérito suyo.
Si la inflación baja, es mérito suyo.
Si hay crecimiento, es mérito suyo.
Pero si la gente se queda sin trabajo, si cierran empresas, si cae el consumo o si la sociedad decide no volver a votarlo, entonces la culpa también sería de la sociedad.
Durante la conferencia “Vientos de Cambio”, en el hotel Sheraton, Milei lanzó una frase que generó fuertes críticas por su contenido y por lo que revela sobre su concepción del poder.
Según sus declaraciones, sostuvo que si la sociedad no lo vota sería porque “decide suicidarse”, afirmó que él hizo “lo que estaba a su alcance” y agregó una definición todavía más brutal: “Ya no es un problema mío, yo ya tengo mi futuro asegurado, voy a vivir de dar conferencias”.
Y ahí aparece el verdadero problema.
“SI FRACASO, LA CULPA ES DE USTEDES”
La frase condensa una lógica política inquietante:
si Milei tiene éxito, el mérito es de Milei; si Milei fracasa, la responsabilidad es de los argentinos.
¿Y si la sociedad rechaza su modelo?
Según esta lógica, no sería una consecuencia de sus políticas.
Sería porque los argentinos eligieron “suicidarse”.
Una manera bastante cómoda de evitar la autocrítica.
Porque gobernar también significa hacerse cargo de las consecuencias de las decisiones tomadas desde el poder.
No alcanza con decir “yo hice lo que estaba a mi alcance”.
Un presidente no es un comentarista externo de la realidad.
Es quien toma decisiones que afectan la vida cotidiana de millones de personas.
EL PRESIDENTE QUE YA PIENSA EN SU “VIDA DESPUÉS”
Pero hubo otra parte de la frase que merece especial atención.
Milei habló de su futuro y volvió a mencionar su intención de vivir de las conferencias.
No es algo completamente nuevo.
En una entrevista anterior ya había dicho que, cuando terminara su período presidencial, quería dedicarse a dar conferencias sobre el “caso argentino”.
Y en marzo de este año incluso aseguró que, mientras fuera presidente, podría cobrar US$500.000 por conferencia, cifra que —según él— se reduciría cuando dejara el cargo.
Es decir:
mientras millones de argentinos hacen malabares para llegar a fin de mes, el Presidente habla de un futuro en el que podría cobrar cientos de miles de dólares por hablar sobre el “éxito argentino”.
La pregunta es inevitable:
¿Éxito para quién?
EL “EXPERIMENTO ARGENTINO” Y LA VIDA REAL
Porque detrás de los discursos sobre libertad, mercado y eficiencia existe una Argentina concreta.
La de los trabajadores.
La de los jubilados.
La de las pymes.
La de los comercios que bajan sus persianas.
La de las familias que recortan alimentos.
La de quienes acumulan deudas para pagar gastos básicos.
La de los jóvenes que no encuentran oportunidades.
Para todos ellos, la Argentina no es una conferencia de tres horas en un hotel cinco estrellas.
Es la vida cotidiana.
Y cuando el Presidente afirma que si la sociedad no lo vota el problema será de la sociedad, parece olvidar algo elemental:
EN DEMOCRACIA, EL PUEBLO NO SE EQUIVOCA POR NO VOTAR AL GOBIERNO.
El voto no es un certificado de obediencia.
El ciudadano no tiene la obligación de renovar el mandato de un presidente para demostrar que comprendió sus políticas.
Puede aprobarlas.
Puede rechazarlas.
Puede cambiar de opinión.
Y puede decir:
“Hasta acá llegamos”.
Eso también es democracia.
¿Y SI EL “MODELO” NO CONVENCE?
Milei suele presentar su gobierno como un experimento histórico destinado a transformar la Argentina.
Pero si después de todo ese experimento una parte importante de la sociedad decide darle la espalda, la respuesta de un dirigente debería ser preguntarse qué hizo mal, qué no funcionó y qué debería corregir.
No acusar a los ciudadanos de querer “suicidarse”.
Porque esa frase contiene una idea peligrosísima:
si no me elegís, el problema sos vos.
Eso no es autocrítica.
Eso es trasladar la responsabilidad hacia afuera.
EL PRESIDENTE Y EL CONFERENCISTA
Y hay una ironía difícil de ignorar.
Milei llegó a la Presidencia prometiendo transformar la Argentina.
Ahora habla públicamente de su futuro como conferencista.
Y no de cualquier conferencia: él mismo aseguró que su eventual tarifa podría alcanzar cifras extraordinarias.
Mientras tanto, el país queda con las consecuencias del experimento económico.
Si funciona, Milei contará la historia.
Si no funciona, según su propia lógica, la sociedad tendrá la culpa por no haber entendido.
Y él siempre tendrá una salida:
el escenario, el micrófono y una conferencia de cientos de miles de dólares.
HORA REIMON
Hay algo que un presidente nunca debería olvidar:
el país no es un laboratorio, los argentinos no son conejillos de Indias y una elección no es un examen que el pueblo debe aprobar para demostrar que entendió al gobernante.
Milei podrá terminar su mandato dando conferencias.
Pero los argentinos tendrán que seguir viviendo en la Argentina que deje.
Y esa es la diferencia.
Él puede tener asegurado el escenario.
Los argentinos necesitan tener asegurado el futuro.
Porque si cuando todo sale bien el mérito es del Presidente, pero cuando algo sale mal la culpa es de la sociedad…
entonces no estamos frente a un líder que se hace cargo.
Estamos frente a alguien que ya está preparando el discurso para explicar por qué la culpa nunca fue suya
