MUSIMUNDO BAJÓ LA PERSIANA: DESPLOME DEL CONSUMO, RECESIÓN Y CIENTOS DE TRABAJADORES EN LA CALLE
La recesión no se mide solamente en estadísticas. También se ve en las persianas bajas, los locales vacíos y cientos de trabajadores que de un día para otro se quedan sin empleo.
Ese es el nuevo golpe que atraviesa Musimundo, una de las cadenas históricas del comercio de electrodomésticos en Argentina, que cerró definitivamente decenas de sucursales en distintos puntos del país y dejó a su personal frente a un escenario de incertidumbre laboral.
En Misiones, trabajadores denunciaron que fueron informados durante el fin de semana de que no debían presentarse a trabajar. Según sus testimonios, las comunicaciones se realizaron telefónicamente y, hasta el momento, no habrían recibido telegramas formales de despido ni la liquidación correspondiente por los días trabajados.
La situación se vuelve todavía más preocupante por las condiciones en las que se plantearían las indemnizaciones. Los empleados aseguran que la empresa ofreció pagos en cuotas y advierten que existen antecedentes de trabajadores de otras provincias a quienes esas cuotas directamente dejaron de abonarse.
“Te llama el gerente un sábado y te dice: ‘Estás despedido, el lunes no entres’. Sos sostén de hogar, no te pagan el mes trabajado y te prometen cuotas de indemnización que a los compañeros del interior ya les dejaron de pagar.”
El relato expone algo que va mucho más allá del cierre de una cadena comercial: el costo humano de una economía donde el consumo se desploma y las empresas buscan sobrevivir reduciendo estructuras y puestos de trabajo.
Musimundo se suma así a una larga lista de comercios, fábricas y empresas que vienen reduciendo personal, cerrando establecimientos o directamente abandonando determinadas plazas ante la caída de las ventas.
EL CONSUMO, EN EL CENTRO DE LA CRISIS
Los electrodomésticos son uno de los sectores más sensibles al deterioro del poder adquisitivo. Cuando los salarios pierden capacidad de compra y las familias priorizan alimentos, servicios y deudas, una heladera, un televisor, un teléfono o una computadora dejan de ser una compra cotidiana y pasan a convertirse en un gasto postergable.
El resultado es un círculo cada vez más difícil de romper: menos consumo, menos ventas, menos actividad y más presión sobre el empleo.
Y cuando cae el comercio, el impacto no termina en el trabajador despedido. También afecta a proveedores, transportistas, servicios, alquileres, comercios de las zonas donde funcionan las sucursales y a toda la economía local.
EL MODELO DEL AJUSTE
El Gobierno de Javier Milei sostiene que la contracción económica es parte del camino hacia una recuperación y que el ajuste permitirá estabilizar la economía.
Pero para miles de trabajadores, la “estabilización” tiene una traducción mucho más concreta: menos empleo, salarios que no alcanzan, consumo deprimido y empresas que cierran sucursales.
El caso Musimundo vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿de qué sirve bajar la inflación si cada vez más trabajadores quedan afuera del mercado laboral y las familias no pueden consumir?
Porque una economía puede mostrar determinadas variables macroeconómicas en recuperación, pero si los comercios venden menos y los trabajadores pierden sus empleos, la crisis sigue estando ahí.
Musimundo baja las persianas. Los trabajadores pagan la cuenta. Y la recesión vuelve a mostrar su rostro más brutal: el de quienes pierden su fuente de ingresos.
HORA REIMON
Donde el poder incomoda, ahí estamos.
Firma Gus Reimon
