GOLPE AL EMPLEO: GRANJA TRES ARROYOS PARALIZÓ OTRA PLANTA Y LA CRISIS DEJA A CIENTOS DE TRABAJADORES EN LA CALLE

La histórica empresa avícola profundiza su crisis. La planta de Capitán Sarmiento quedó paralizada “hasta nuevo aviso” y los trabajadores fueron notificados de que no debían presentarse a trabajar. Hay temor por un cierre definitivo.
31 de agosto de 2026

fa15ea11-d43d-4281-bf89-858d0428e523

La crisis del empleo vuelve a golpear con fuerza a la industria argentina.

Granja Tres Arroyos, una de las principales empresas avícolas del país, paralizó su planta de Capitán Sarmiento y ordenó a sus trabajadores no presentarse a trabajar “hasta nuevo aviso”. La decisión encendió todas las alarmas entre los empleados, que temen que una suspensión temporal termine convirtiéndose en un cierre definitivo.

La situación se volvió todavía más preocupante luego de que trabajadores denunciaran el retiro de maquinaria y el vaciamiento de las oficinas del directorio, movimientos que alimentan las versiones sobre una posible reestructuración profunda o directamente el abandono de la planta.

MÁS DE 300 TRABAJADORES YA QUEDARON AFUERA

La paralización de Capitán Sarmiento no aparece como un hecho aislado.

La empresa viene atravesando una fuerte crisis y ya desvinculó a más de 300 trabajadores en distintas plantas. Entre los casos más recientes se encuentran 250 despidos en Concepción del Uruguay, un golpe enorme para una ciudad y para cientos de familias que dependen directa e indirectamente de la actividad industrial.

Ahora, la incertidumbre se traslada a Capitán Sarmiento.

Trabajadores y familias permanecen en estado de alerta ante la falta de certezas sobre el futuro de sus puestos laborales.

DE GIGANTE AVÍCOLA A PLANTAS PARALIZADAS

Granja Tres Arroyos llegó a convertirse en uno de los grandes nombres de la industria avícola argentina, con una importante presencia productiva y miles de trabajadores vinculados a su actividad.

Hoy el escenario es completamente diferente:

plantas paralizadas, despidos, producción en caída y trabajadores que no saben si volverán a sus puestos.

La situación expone, una vez más, cómo la crisis industrial termina trasladándose directamente al mundo del trabajo.

Detrás de cada despido no hay solamente una estadística.

Hay una familia que pierde ingresos, comercios que pierden clientes y comunidades enteras que ven deteriorarse una de sus principales fuentes de empleo.

¿SUSPENSIÓN O EL PRINCIPIO DEL CIERRE?

La frase “hasta nuevo aviso” es la que mantiene en vilo a los trabajadores.

Porque cuando una planta deja de producir, se retira maquinaria y las oficinas comienzan a vaciarse, la pregunta inevitable aparece:

¿Cuánto falta para que una paralización se convierta en un cierre definitivo?

Mientras la empresa atraviesa una de las etapas más críticas de su historia, cientos de trabajadores quedan atrapados entre la incertidumbre y el temor a perder definitivamente su fuente de trabajo.

Otra fábrica que se apaga. Otra comunidad que tiembla. Y otra vez, el costo de la crisis lo pagan los trabajadores.

HORA REIMON — Donde el poder incomoda, ahí estamos.

fa15ea11-d43d-4281-bf89-858d0428e523