TRUMP SE QUEDA CON EL PETRÓLEO: EE.UU. OBTIENE EL CONTROL MAYORITARIO DE 65.000 MILLONES DE BARRILES VENEZOLANOS

El acuerdo entre Washington y el gobierno de Delcy Rodríguez abarca 17 campos petroleros y entrega a una nueva empresa derechos de explotación por 100 años. Estados Unidos tendría el 55% del rendimiento efectivo y acceso al crudo a precio de costo. A cambio, promete inversiones por US$100.000 millones. La letra chica todavía no fue publicada.
Mundo31 de agosto de 2026
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Trump 

Donald Trump lo presentó como “el mayor acuerdo petrolero de la historia”. Y los números explican por qué.

Estados Unidos acaba de asegurarse una posición dominante sobre unos 65.000 millones de barriles de reservas probadas de Venezuela, distribuidos en 17 campos petroleros estratégicos. La cifra representa aproximadamente una quinta parte de las reservas probadas venezolanas, que rondan los 303.000 millones de barriles.

El acuerdo contempla la creación de una nueva empresa privada vinculada a Estados Unidos y a un operador venezolano. Según funcionarios estadounidenses, esa compañía tendrá derechos para desarrollar los campos durante 100 años.

Y hay un dato que resulta todavía más contundente: Estados Unidos tendría una participación efectiva del 55% de la producción de la nueva compañía, además del derecho a comprar petróleo a precio de costo. Parte de ese crudo tendría como destino las reservas estratégicas estadounidenses y el sector militar.

EL NEGOCIO DEL SIGLO

Si se toma como referencia un precio hipotético de US$83 por barril, los 65.000 millones de barriles equivaldrían a unos US$5,4 billones en valor bruto potencial.

Pero hay que hacer una aclaración fundamental: eso no significa que Venezuela haya recibido US$5,4 billones ni que ese petróleo vaya a venderse inmediatamente a ese precio. Se trata de una valoración teórica de las reservas multiplicadas por el precio de referencia del barril.

La verdadera dimensión del acuerdo está en quién controlará la explotación y cómo se distribuirán los beneficios.

Venezuela, según la información difundida por su gobierno, espera atraer alrededor de US$100.000 millones de inversión para reconstruir y ampliar su industria petrolera. A cambio, Caracas proyecta obtener más de US$209.000 millones en ingresos fiscales.

Desde Washington, el acuerdo es presentado como una oportunidad para recuperar la producción venezolana, reducir los precios de los combustibles estadounidenses y garantizar nuevas fuentes de petróleo pesado para sus refinerías.

Desde otra perspectiva, el interrogante es inevitable:

¿Venezuela está recuperando su industria petrolera o está entregando el control de una parte estratégica de sus reservas a Estados Unidos durante un siglo?

100 AÑOS NO SON UNA INVERSIÓN: SON UNA ERA

El plazo de 100 años es quizás uno de los elementos más sensibles.

El acuerdo no habla simplemente de una inversión puntual. Se trata de derechos de desarrollo de campos petroleros que podrían extenderse durante generaciones.

Y aunque el gobierno venezolano sostiene que conserva la soberanía sobre sus recursos naturales, la estructura anunciada coloca a una empresa con participación estadounidense en una posición privilegiada sobre una enorme cantidad de reservas.

La propia prensa estadounidense reconoce que todavía existen interrogantes importantes porque el texto completo del acuerdo no fue publicado. Por eso, varios aspectos de la distribución definitiva de ingresos, responsabilidades y derechos todavía deben ser esclarecidos.

EL PETRÓLEO VENEZOLANO COMO BOTÍN GEOPOLÍTICO

Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del planeta, pero produce apenas una fracción de lo que podría extraer debido al deterioro de su infraestructura, años de falta de inversión y las sanciones que afectaron al sector.

Ahora Washington pretende convertirse en uno de los principales beneficiarios de la recuperación de esa producción.

Trump asegura que Estados Unidos tendrá acceso mayoritario a esos recursos sin costo para los contribuyentes estadounidenses.

La ecuación es sencilla:

Venezuela pone el territorio y las reservas.
Estados Unidos pone el capital y la tecnología.
Una nueva estructura empresarial controla la explotación.
Washington obtiene una participación mayoritaria y petróleo a precio de costo.

Y Venezuela apuesta a recibir inversiones, producción y recaudación fiscal.

El debate, entonces, no es solamente económico.

Es político.

Porque cuando se habla de 65.000 millones de barriles y derechos durante 100 años, ya no estamos hablando simplemente de una inversión petrolera.

Estamos hablando de poder, soberanía y control estratégico sobre uno de los mayores reservorios de petróleo del planeta.

Y la pregunta que queda flotando es tan grande como el negocio:

¿Quién se queda realmente con el petróleo venezolano?

Hora Reimon — Donde el poder incomoda, ahí estamos.